Posts from — marzo 2012
Un sábado para Manu y Paula
-”Pues estuve por llamaros el otro día, que iba a ir con Paula a comer por tu barrio”- me dice Manu el martes, a medio día – “Pero al final, fuimos más tarde a las 6 o las 7, creo”

Arrrggg!!
-”Me podéis llamar igualmente, si estamos, bajamos a la calle”- digo yo, tan pancha, sin pensar en la logística que requiere Guille. Me lo pongo bajo el brazo y ¡hop! a la calle, no sería la primera vez.- “Y si no, también me podéis llamar si queréis alguna idea”- digo de nuevo yo, toda chula.
-”¡Ah, claro!”- me dice Manu- “Si para eso tienes el blog. Ya le echaré un vistazo este fin de semana a ver qué se me ocurre”
Y a mí se me congela la sonrisa en la cara. Allí¡ estaba yo, haciendo de prescriptora del ocio en el barrio y sin escribir ni media línea al respecto de lo que pasa! Vale que mi idea no es ser un agregador de recursos en plan: “Este bar mola mucho” pero creo que puedo hacer cosas de más utilidad. Y allá que vamos.
Condiciones: Manu tiene 29 años, es de Barcelona y es periodista. Como Paula, también periodista, pero ella es de Madrid y tiene 27 años. Como Manu es colaborador, no queremos hacerle un agujero en el bolsillo (ni a él ni a nadie). Un sábado entero callejeando por el barrio.
Recorrido: Mi primera sugerencia es que vayan a COMER al Bombay Palace. Siendo Lavapiés un barrio multicultural como es, está muy poblado de restaurantes indios, sobre todo en la calle Lavapiés.

El Bombay Palace
Sin embargo, mi preferido está en la calle Ave María, 26 y 18. Ambos son de los mismos dueños y se diferencian en que uno tiene el cartel rojo y otro azul. Yo he ido al de más arriba, al del cartel rojo y me gustó mucho. De los más auténticos del barrio y a buen precio. Tiene terraza en la calle y mesas agradables dentro.
Después de comer, recomiendo ir a tomar CAFÉ y lo que apetezca al Café Barbieri. (Calle Ave María, 45) Este café desconchado, lleno de columnas y de espejos, de techos infinitos y mesas de marmol, como en La Colmena de Cela, es de los lugares más curiosos del barrio. A mi me gusta especialmente, aunque no es muy cómodo ni muy moderno pero la música es agradable, suave, tienen cafés, tartas y cócteles y me recuerda a mi familia. En él, celebró mi madre su Primera Comunión invitando a nuestra corta familia madrileña a un chocolate con churros, como se hacía antes de que las primeras comuniones parecieran bodas de infantes. Las mesas me recuerdan a la máquina de coser de mi abuela y la luz amarilla que se filtra por los cristales me atrapa. Me gustan las cafeterías en las que me puedo sentar a inventarme la vida de los que están a mi alrededor, las cafeterías en las que se escriben novelas sin necesidad de llamarse Starbucks.

Cedric Von TurtelBoom-BlankPaper
¿Y si ahora PASEAMOS? Si mi pareja se atreve a subir un poco la cuesta de nuevo y les gusta la fotografía, pueden acercarse a la escuela de fotografía Blank Paper (Calle de la Nao, 4) que han inaugurado una exposición de uno de sus fotógrafos emergentes, Cedric Von Turtelboom (gratis).
También, en La Casa Encendida (Ronda de Valencia, 2) está el Festival Play 2012 de cine en directo (5€) o la exposición Un paisaje holandés (gratis).
Se pueden acercar a la exposición de Gervasio Sánchez ( Calle Embajadores, 53. Gratis.Veréis como alguno no va al final) o sacar entradas para alguna obra de teatro o concierto nocturno en La Escalera de Jacob (C/Lavapiés, 11. Ponen mil cosas, mejor consultar la programación o mirar en Atrápalo)
Y si lo que apetece es ir de COMPRAS, en La Buga del Lobo (C/ Argumosa, 11) hay un mercadillo liquidación de Mamah África

Casa de Asturias
¿Quedan ganas de CENAR? Si aún apetece picotear algo, en la Casa de Asturias (C/ Argumosa, 4) hacen unas patatas al cabrales deliciosas. Es un sitio rico, rico y con variedad de cosas, buena materia prima. O si es algo más ligero, el Granero de Lavapiés (C/Argumosa, 8 )es un restaurante vegetariano muy baratito. Aquí no he comido, lo reconozco pero siempre está lleno.
Y para terminar el día CON UNAS COPAS, como Manu es más bien rockero, propongo unos tercios en Las Hijas de Abel (C/ Sombrerería, 3) Música de Platero, Extremoduro, Reincidentes y situaciones de lo más bizarro, este bar me ha dado para más de una y de mil anécdotas. Y los dueños son rockeros de los impenitentes.
Pero si apetece algo más tranquilo y más propicio a la conversación, el Aguardiente (c/ de la Fe) es de los que yo llamo “bares para arreglar el mundo”. Al fondo, tienen el cartel del metro de Lavapiés. Llegamos a la última estación. Espero que estos chicos se vayan a casa con la sensación de que les ha cundido el día.
Esta es mi primera experiencia haciendo una ruta. Quiero que sean muchas más, al menos una a la semana. Yo me puedo inventar a los personajes protagonistas o podéis pedirme que os haga una de encargo. No cobramos nada, sólo unos comentarios sobre si os ha gustado o no para poder mejorar aún más. Podemos pensar en cuadrillas, parejas más mayores, familias, lo que queráis. Proponed.
noemi@megustamibarrio.es
@megustamibarrio en Twitter
marzo 30, 2012 No hay comentarios aún
Inspiración de lunes
De las cosas que una aprende leyendo a los demás. Bea de ConBotasdeAgua había escrito un post sobre Tutti Confetti y sus dibujos hace unos días, por el día del Padre. Me quedé prendada de esta gaviota y de la historia y ha revoloteado por mi cabeza sin parar esta semana, sobre todo por unas cuantas charlas sobre lo divino, lo humano, el universo y todo lo demás que he tenido con mi hermano últimamente. Y las que no he tenido y sólo he pensado. Espero que os inspiren como me ha ocurrido a mi y os pongan en movimiento.
“A Manuela alguien le contó que para conseguir algo había que desearlo mucho. Ese mismo día Manuela se instaló en el punto más alto de su playa y se puso a desear una estrella con todas sus fuerzas. Así paso su vida entera y la estrella no llegó.
Lo que nadie le había dicho a Manuela es que las cosas que queremos a parte de desearlas, hay que perseguirlas“.
marzo 26, 2012 2 comentarios
La mejor tortilla de Lavapiés en La Rosa
Reto a cualquiera a demostrarme que la tortilla de patata de La Rosa (Ronda de Atocha, 30) no es la mejor del barrio (y de Madrid). Y no es que lo diga yo. Pese a que no aparecen en 3000 referencias en internet, hay quien lo dice. Varios. Pero ellos se han tomado una vez un pincho en el bar. Mi cuadrilla creo que tiene el honor de haber dejado ya sus codos marcados en la barra (o en la mesa del fondo, en su defecto)
“¡Hola chicos! ¿Cómo estáis?” Oti lleva saludándonos así, con su peculiar tono de voz, los últimos 14 años, desde que en primero de carrera decidimos poner aquí nuestro chamizo. Íbamos todas las tardes y hemos tenido días escandalosos, han tenido el bar abierto horas por nosotros, pero jamás nos han dicho una mala palabra ni nos han puesto una mala cara. No somos mala gente pero la familia Tuña es especial.
La Rosa es, sobre todo, un bar acogedor. No tiene nada fuera de lo común en la decoración ni una cocina con 20 platos. Tiene especialidades de la casa excepcionales y un ambiente de salón de casa. Está rica la tortilla (deliciosa), el pulpo, el lacón, el jamón, el chorizo a la olla, hasta las aceitunas y todo lo ponen como tapa con tu caña. Luego tienen bocadillos y raciones. Y calidad humana.
Oti y Luis son gallegos, llevan 35 años casados y regentando el bar mano a mano. Siete días a la semana. Cierran sólo el sábado por la tarde y el domingo por la tarde. Y entre semana tienen desayunos, comida, merienda y cena, hasta las 23 (o algo más tarde, no son estrictos con el cierre)
De hecho, Oti me contó el otro día que el 19 de marzo es su aniversario y el 21 de marzo, el de la apertura del bar. 35 años cumplen los tres juntos. “Menuda luna de miel, siempre trabajando“, me dijo sonriendo, porque esta mujer no se queja nunca. “No teníamos hijos y David ya tiene 32 años“. David y Laura, los dos hijos, son tan encantadores y amables como sus padres, siempre sonrientes y siempre por allí echando una mano, de toda la vida ayudando con las cañas, con los aperitivos, con la gente…
Se saben los nombres y la vida de sus clientes habituales (¡¡y te saludan por tu nombre!!), tienen detalles como ir a abrir el bar más pronto porque les has encargado la comida o comprar Nestea sin azúcar para una persona que desayuna allí. Atienden a los profes de enfrente en el recreo, a los que trabajan, hacen cursos o pasean por la Casa Encendida, a los actores y músicos del Circo Price, a las señoras a la salida de misa y a los que vienen del Rastro. Su público no tiene edad, tiene el buen humor que destilan ellos y su paciencia infinita.
Sea pues, aceptadme el reto. Vais a ver La Casa Encendida o al Retiro y a la vuelta, os tomáis una caña con un pincho de tortilla. Y me lo contáis. Yo creo que me voy a bajar a por uno que me muero de hambre.
¡¡Adios, jóvenes, adios, adios!!
marzo 21, 2012 8 comentarios
Almendros en flor para alegrar el almuerzo
Yo trabajo en un sitio muy feo (véase) Y aún parece más feo cuando vienes de trabajar en la mismísima Gran Vía (OMG).
Hay días en los que, si no he quedado a comer con nadie resulta extremadamente deprimente, sobre todo en invierno (volviendo a la vida anterior, cualquiera venía a comer a Gran Vía. Hasta aquí, los aventurad@s son escasos pero agradecidos)
Pero ahora, en esta primavera-verano en la que nos encontramos, el polígono ve florecer su secreto, los 1.500 almendros de la Quinta de los Molinos.

Almendros en la Quinta de los Molinos
El parque, escondido tras una tapia, está en la calle Alcalá a la altura del metro Suanzes. La historia dice que era “propiedad del Conde de Torre Arias, en 1920 pasó formar parte del patrimonio de César Cort Botí, profesor de Urbanismo en la Escuela de Arquitectura. Fue éste quien construyó una finca de estilo mediterráneo con numerosos almendros y olivos, entre otros, y un Palacete de estilo racionalista. La Quinta cuenta con fuentes, albercas, estanques y dos molinos dotados de aeromotores para facilitar la red de riego y que dan nombre al parque: el Molino de la Casa del Reloj y el Molino de la Rosaleda de Palacio. A raíz de la muerte de Cort Botí en 1978, sus herederos acordaron con el Ayuntamiento que la zona pasase a ser de uso público”.
He ido a pasear montones de veces pero nunca había subido en época de los almendros en flor. Siempre me los pierdo. De repente, hiela o llueve y ala, ya lo has perdido.
Esta semana he sacado un ratillo (porque me han dejado plantada varias veces) y he venido a comer aquí, con mi bocata, a contemplar el espectáculo.
Las fotos no son perfectas, de hecho tienen unas sombras durísimas. Es que las he hecho con el teléfono, porque siempre me pillan desprevenida estos momentos. Aún así, sin retocar (porque aún no se) y con poco medio técnico, espero que las disfrutéis y os animéis a salir al parque, que no sólo sirven para pasear al niño o al perro.
Los datos: está en la calle Alcalá, 527-531, en el metro de Suanzes (línea 5) Se pueden coger los autobuses 77, 104 y 105. Está abierto todos los días de 6:30 a 22 horas

Periquito

Almendros

Dos almendros
Almendros
Os dejo un vídeo, es un poco cursi pero explica muy bien la historia del parque por si queréis conocerla
marzo 16, 2012 5 comentarios
Gervasio Sánchez me da una paliza en su Antología
Figuradamente, claro… Pero decir que la Antología de Gervasio Sánchez en la Tabacalera me conmovió es poco… Me encanta la fotografía, especialmente el fotoperiodismo, pero esta exposición es lo que un@ siempre quiso ser, como periodista, como fotógrafa y como persona.

Niñas tras cristal coche. Bosnia. Guerra de los Balcanes. Mar.1994
Nunca había estado en La Tabacalera, ni en la parte del Ministerio ni en la cedida a los vecinos. Está claro que ver esa mole por primera vez también contribuyó a la impresión final. La Tabacalera es, como el Matadero, uno de esos edificios de Madrid recuperados, que llevaban cerrados muchos años y que aún no están restaurados del todo.
Entré, entonces, en la primera sala con la impresión de estar pasando a lo que debía ser (sin haberlo visto nunca) un hospital de guerra en Kosovo o en los Balcanes. Un edificio enorme, de techos altos, con la pintura desconchada, el suelo levantado y las esquinas mordidas. Y lo primero que oyes, explosiones.
El primer audiovisual está solo en medio de una sala y recoge gran parte de la muestra al ritmo de las bombas. Bombas reales, grabadas por el propio Gervasio y su compañero Alfonso Armada en Sarajevo, tal y como cuenta Mauricio Vincent en El País. Paso de largo, no quiero adelantarme, si bien ya se me remueve algo, entre las esquinas oscuras y el bombardeo de la entrada.
En las distintas salas, unas 148 fotografías, 100 retratos y seis audiovisuales (especialmente recomendables) con un elemento común, la guerra, las personas en la guerra. Un “atlas del dolor“, como dijo Carlos del Amor en el reportaje de TVE, sincero, desgarrador. Niños, drogas, mujeres, armas, hombres, muerte. El instante decisivo de Cartier Bresson al servicio de la denuncia, del grito, del ¡Basta!. Y cada una de las instantáneas te pega duro, un bofetón, un cachete, un fuerte puñetazo en la boca del estómago. Hasta que el dolor físico te salta las lágrimas.

Mujer huyendo. Croacia. Guerra de los Balcanes. Oct.1991
La muestra está dividida en cinco partes: América Latina (1984-1992), los Balcanes (1991-1999), África (1994-2004), Vidas Minadas y Desaparecidos. Cada grupo se acompaña, al inicio, del testimonio del propio Gervasio (me gusta más así que Sánchez, que sería más profesional) que explica cómo vivía entonces y qué significaba para él ese momento. Mientras que las tres primeras son fotoperiodismo puro y duro, de unos momentos históricos concretos, los dos últimos son proyectos personales del fotógrafo, al respecto de los mutilados por las minas en todo el mundo y de los familiares de los desaparecidos en las distintas guerras.
Reconozco que lloré de dolor, que lloré en el audiovisual de América Latina ante la visión de un niño esnifando pegamento con una mano adulta sujetándole la nuca. No sólo porque ahora soy mucho más sensible a los daños a los niños sino por el papel del adulto que no se ve. ¿Quién es? ¿Es el camello que impulsa la drogadicción del chaval? ¿O es un pariente, su propio padre, que, ante la desolación de la guerra, la miseria, la muerte, prefiere que su hijo se destruya pero se evada de la cruel realidad que vive?
Y sin embargo, me afectaron menos las niñas que agonizan de cólera en un orfanato de África (y eso que la foto es dura y difícil. De hecho dice Gervasio: “he de reconocer que la cumbre del sufrimiento, mi particular corazón de las tinieblas, fue Goma durante el verano de 1994“). No se por qué, no sentí la misma empatía por ellas, no las sentí tan cercanas (esto no es muy políticamente correcto pero es así)
Quizá porque África, su hambruna y sus muertos, se han convertido en una dramática costumbre de los telediarios y nos hacemos los duros ante ellos. Y eso que eran dolorosa muchedumbre ante los ojos de Gervasio: “Un día de 1994 con Alfonso Armada se pusieron a contar los muertos en un trayecto de tres o cuatro kilómetros. “Contamos más de 1.500”, recuerda, asegurando que aquella fue sin duda la situación más horrible que ha vivido en su vida. “Los enfermos de cólera se morían y no había suero que ponerles en los hospitales. Algunos niños te miraban a la cámara mientras agonizaban… y en tres disparos pasaban de la vida y la muerte. Podías elegir los muertos o esperar la mejor luz porque nadie se quejaba o te molestaba”. El África negra no puede pasar desapercibida y a ello contribuyen las fotos.
Me llenaron de esperanza los dignísimos retratos de Vidas Minadas y de Desaparecidos, mirando de frente a la cámara, sin solicitar compasión sino un nuevo camino, una vida. Gervasio ha seguido la recuperación de tres personas en concreto, además de retratar a decenas de ellas. En la explicación, asegura que piensa seguir aumentando el testimonio con la idea de hacer una nueva gran muestra en 2022, cuando se cumplan 25 años del inicio del proyecto.

Niño mutilado y madre burka. Afganistán. Agosto 1996
Salgo frotándome los ojos a la calle y me enfrento con mi barrio. Y pienso. Reflexiono cosas que no vienen al caso sobre nuestra crisis, nuestra pobreza, nuestra inmigración y nuestros enfrentamientos. Dice Muñoz Molina en el prólogo del catálogo editado por Blume: “Casi tan asombrosa como la capacidad humana para hacer daño es la capacidad humana para no verlo“. Abramos por hoy los ojos, antes de anestesiarnos de nuevo. Id a ver la exposición, al menos.
Los datos: Antología Gervasio Sánchez. Del 6 de marzo hasta el 10 de junio. En Tabacalera (C/Embajadores, 53) De martes a viernes de 12 a 20. Sábados, domingos y festivos de 11 a 20. Lunes cerrado.
PD: Gervasio podía haberme pegado porque estaba allí, entre sus fotos, haciendo entrevista tras entrevista mientras los visitantes le escuchábamos y cotilleábamos. Qué gozo verle. Estaba dispuesta a acercarme a saludarle, con la lágrima colgando, pero no tuve oportunidad. No le dejaron ni un momento. Si me lee, mi admiración infinita.
PD2: Por supuesto, todas las fotos son ©Gervasio Sánchez, cedidas por el Ministerio de Cultura para la promoción de la expo
marzo 13, 2012 4 comentarios




















